Brotan flores en la piel
Brotan flores en la piel

Brotan flores en la piel

Es jueves 5 de marzo. Honro este espacio de posibilidad y de autoobservación que me proveo a mí misma. Ahí reside, según creo, el secreto de las vidas que tejemos: ¿ de qué me proveo? ¿ qué me permito? ¿ qué no? ¿ qué dejo que llegue a mí mundo? Tras estas preguntas que cada uno responde se despliega el aroma y la sustancia de la propia subjetividad, el habitar psicológico, la coordenada vital y existencial, espiritual. Son las preguntas eje que dan fundamento y forma a nuestras vidas. Me gusta pensar en ello, pienso que es lindo poner en práctica nuestro principal oficio: el de ser escultoras, de nuestros propios mundos, de nuestras propias vidas.

Hay una belleza y algo que brilla muy poderoso en cuando comprendemos e interiorizamos de verdad la idea de hacer algo bello con nuestras vidas, de cultivarlas con arte y con amor. Pienso que ahí el propio relato, el sentido de la propia narrativa se vuelve luminoso, porque brilla con luz propia. Creo que no hay nada más poderoso que la intención y la buena voluntad porque, inevitablemente, antes o después, echa raíces y despliega flores. Que broten flores de nuestra piel y que nos dispongamos del tiempo para pararnos a olerlas, a contemplar su esplendor y su fragancia. Hace poco Sebastián me contaba que quería regar su jardín para dar la posibilidad a que un día una mariposa pudiera ir a visitarlo y posarse allí, y me pareció hermoso.

Arriba la primavera y qué suerte poder estar vivas en este mundo de pura materialidad y de pura presencia para constatarlo. Opino que en el mejor de los casos la presencia es lo que nos permite abrazar la materialidad de una forma despierta, abierta y consciente. La presencia es una dimensión, una brújula, una guía, un proceder. La meditación nos invita a eso.

Y bien amigas, las saludo y las abrazo, nos vivimos y nos acompañamos.

Con amor,

Du.